Cuan común se ha vuelto ver series de tv, novelas y películas
donde resaltan el homosexualismo como un
estilo de vida respetable ante las personas heterosexuales. Nos muestran como es posible una
convivencia sana y llena de felicidad siempre y cuando compartas sus intereses.
También se
promociona heterosexuales de mente
amplia y culta que conocen el respeto a los
demás, sin prejuicios, ni maltratos. Es perfecto el mundo que nos venden, si tan solo
todos pensáramos así.
Ahora vamos
al mundo real, en las noticias nos muestran campañas públicas donde se lucha
por el MATRIMONIO IGUALITARIO. Hacen desfiles por las zonas turísticas acompañados
de personas con buena posición económica y hasta con cargos políticos, así
logran que su causa adquiera protagonismo
en la sociedad.
Vemos en las
redes sociales al presentador de televisión, al cantante o a al actriz de moda apoyando
su causa, se nota que piden prestada la credibilidad de otros para verse
respetables.
En ciertos
programas de televisión se los presenta como modelo exitoso a seguir, en otros se
los expone como víctimas, etiquetando como EQUIVOCADOS a los heterosexuales que
no los apoyan.
La sociedad
se ha dividido entre quienes los poyan, entre quienes dicen que esta de moda,
quienes lo comentan porque es tendencia y quienes callan para que no les digan homofóbicos.
Hasta donde
hemos llegado, hay quienes hasta se sienten intimidados por estos grupos que
sin respeto nos tratan de intolerantes, ignorantes, bobos o lo que sea. Nos dicen
que nos pongamos en sus zapatos para que los entendamos.
El
sufrimiento de otro nadie lo puede conocer, ni sentir, pues cada persona es un
mundo, podemos sí comprender y ser sensibles a sus necesidades para su convivencia con las demás personas. Pero
de la manera imponente en que hoy lo hacen más bien causa rechazo. Su lucha no
es más, ni menos importante que un niño que necesite ir a la escuela en un
sector rural de nuestro país.
Las causas
deben caminar hacia el debate racional, al consenso, para llegar al
conocimiento y desembocar en el progreso.
Somos una
sociedad democrática, todos no somos ignorantes o intolerantes. Muestren su
otra cara, rompan con altura los estereotipos que ustedes mismo crearon a través
de comportamientos inadecuados que se han convertido en comidilla del cómico de
turno. Muestren su vida diaria en busca de trabajo, salud, luchando por lo que
toda persona merece respeto y progreso personal.
Se han
empeñado en luchar por sus derechos, pero lo que han logrado es auto separarse
de la sociedad. Tratan de mostrarse como
víctimas, pero lo que se ve es un grupo con intereses egoístas, que piensa solo
en sí mismos. ¿Dónde está el aporte al progreso en esa lucha?.
Es verdad
que son víctimas del maltrato, la tortura, la discriminación, etc. y eso no está bien. Pero los heterosexuales nos
enfrentamos a las mismas amenazas, y cuando se marcha por la paz se reclama en
beneficio de todos, repito de todos, y no solo por los heterosexuales.
No puedo estar
de acuerdo porque tengo claro un principio básico nací mujer y es una realidad lógica,
me gustan los hombres es mi naturaleza. Ellos dicen que nacen, otros dicen que
se hacen, como sea pero el punto, es que se desvían de su origen. Ellos han ELEGIDO
ser como son y por ese lado es aceptable, pues el ser humano tiene ese derecho único
en todo el universo nadie se lo puede quitar, y siempre tendrá la oportunidad
para cambiar.
Debemos
tomar decisiones pero estas, deben estar enmarcadas en el orden y el progreso.
Este es el
pensamiento de una persona heterosexual
que no discrimina, que desprecia la violencia y que no es homofóbica pero
que la vez rechaza el exceso de protagonismo
que se le ha dado a la lucha GLBT. Cuando hay otros que merecen mayor atención
y acción de nuestra sociedad, por ejemplo: las drogas en los colegios, la
obesidad, el bulling, el divorcio, la dieabetes, la depresión, entre otros. Por
lo demás el gobierno y sus autoridades deben tomar en cuenta las PRIORIDADES para luego tomar las mejores decisiones en
función de que nos marcará como un país de progreso o de mediocridad.
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